Eugenio Lucas Velázquez fue un pintor perteneciente al romanticismo español, llamado en el pasado Eugenio Lucas y Padilla, cuando se le creía natural de Alcalá de Henares. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “¡Viva el vino!“, sin fecha clara pero ubicada entre 1850 y 1870.

En la bodega de un convento, en ¡Viva el vino! podemos apreciar como un enardecido grupo de monjes, completamente ebrios, responden eufóricos al brindis que hace uno de ellos, que alza su vaso subdo en una mesa. No es la primera vez que hablamos de Eugenio Lucas Velázquez, y ya tiempo atrás analizábamos su creación “Majas y frailes en una bodega”, ¿lo recuerdas?

El cuadro responde una vez más a la vertiente más amable de la crítica anticlerical iniciada por Goya en su más dramática crudeza, y suavizada a lo largo del siglo XIX por sus seguidores, que insisten por lo general, como en este caso, en sus aspectos más cómicos y pintorescos. Expuesto en vida de don José Lázaro como obra de Eugenio Lucas Velázquez, -de quien, en efecto, se conserva en el Museo Lazaro Galdiano otra pintura de argumento parecido, la extremada sumariedad de su factura, modeladas las figuras y el mobiliario a base de superficies planas, que las reducen a meros esbozos, así como ciertos detalles de técnica, aconsejan mantener dicha atribución con muy prudentes reservas, recordando mucho más de cerca las imitaciones que hace del estilo de su padre Eugenio Lucas Villamil, a quien muy bien pudiera pertenecer.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes
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