Uno de los fundadores del grupo expresionista alemán Die Brücke (El Puente), Kirchner fue principal referente en ese «paso de una a otra orilla», en alusión a su voluntad de ruptura con el arte académico. Su aspiración a una síntesis entre el mundo exterior y la propia psique del artista, entre el arte y la vida, explican un movimiento realmente relevante en el siglo XX. Podemos apreciar el espíritu de renovación y cambio en la cultura artística alemana en Cocina Alpina, una de sus más llamativas obras.

Cocina Alpina

“Con fe en el desarrollo, en una generación creativa y capaz de disfrutar de la vida, convocamos a toda la juventud; y nosotros, como juventud portadora del futuro, queremos procurarnos vida y brazos libres frente a las viejas fuerzas establecidas. Todo aquel que exprese directamente y sin falsías lo que le mueve a crear, pertenece a nuestro grupo”, considera el manifiesto del grupo. “Mi objetivo fue siempre dar con una gran forma simple y un color nítido, transmitir el sentimiento, la experiencia con esos dos medios”, estima él mismo.

Los rasgos más distintivos de Kirchner (y del grupo expresionista alemán Die Brücke) son el color antinatural (cálido, subjetivo y fulgurante); las formas más bien planas (con poco interés por los volúmenes y la perspectiva); así como el uso de contornos trazados con líneas gruesas. Los temas son generalmente escabrosos, en sintonía con la forma expresiva de mostrarlos. Kirchner cultiva formas angulosas que pueden estar inspiradas en la descomposición cubista o en el diseño normal de los grabados xilográficos. Le inspira el arte no mediado de los niños, de los pueblos primitivos.

Su movilización en la Primera Guerra Mundial le causó un fuerte deterioro en su salud, sufriendo una grave crisis nerviosa, que determinó su inhabilitación en 1915 y su consiguiente retiro a las montañas suizas. “El trauma que le causó la guerra y su declaración como inútil para el servicio activo produjeron a Kirchner una profunda crisis física y mental que en 1917 le llevó a un retiro voluntario en Suiza. El artista se refugió en la montaña, junto al pueblo de Frauenkirch, cerca de Davos, donde su pintura se transformó y se llenó de nuevos temas”, según explica la crítica de Arte Paloma Alarcó.

kirchner

Durante el verano de 1918 Kirchner alquiló una cabaña alpina en Staffelalp, junto a Frauenkirch, en cuyo interior pintó esta Cocina alpina, cuando estaba todavía convaleciente de su grave enfermedad y casi no podía andar. “Es aquí donde se aprende a valorar la verdadera dimensión del color”, admite. Kirchner reproduce dicho lugar en este lienzo con estridentes colores, perspectivas distorsionadas y trazos angulosos que, indudablemente, delatan la inquietud psíquica del autor. Los colores resultan agresivos por el predominio de los tonos cálidos, rojos, rosas y naranjas combinados como discordantes acordes cromáticos. El cuadro refleja sus vivencias del pasado, su inabordable angustia personal: Kirchner no pinta desde una tranquila cabaña, sino desde el nerviosismo y la desesperanza de las calles de Berlín.

Tal y como se la describía en una carta al arquitecto Henry van de Velde, la pintura representa una estancia decorada con estilo rústico, con una perspectiva muy distorsionada. “Las habitaciones aquí son completamente inusuales, los huecos de las paredes se rellenan con musgo, y hay una maravillosa estufa panzuda”, considera. Todas las líneas convergen en la puerta que se abre a un paisaje encumbrado por la montaña del Tizenhorn. En Cocina alpina encontramos un trazo apresurado, donde los objetos no proyectan ningún tipo de sombra. “En toda la producción de dibujos de Kirchner, desde obras sobre cartón del formato de un metro cuadrado hasta apuntes del tamaño de una mano, no existe ni un solo estudio detallado ni un dibujo preliminar como los que se encuentran entre los pintores del pasado y del presente”, explicaba el mismo sobre su obra bajo el seudónimo de Louis de Marselle. Kirchner dibuja como otros escriben.

Cocina Alpina 3

La estancia no está vacía. Una figura se inclina sobre la mesa mientras realiza un movimiento enérgico con las manos. “Según el administrador de los bienes de Kirchner, Roman Norbert Ketterer, la figura que aparece representada junto a la mesa sería el propio artista preparando una piedra litográfica en la cocina de su chalet suizo con vistas al monte Tinsehorn” considera Paloma Alarcó. La opinión de otros estudiosos como Peter Vergo, experto en expresionismo alemán, se fundamenta en la evidencia visual: parece una figura femenina. “Podría ser Erna Shilling, la compañera sentimental de Kirchner frotando, raspando o lijando algo”, apunta el estudioso.

El vino es un elemento fundamental para analizar la obra, y tiene unos matices propios que le diferencian y le distinguen. En la cocina de la casa de Kirchner aparece una botella de vino italiano, con su forma abombada y forro tradicional de paja, conocida como fiasco. Esta botella se empezó a utilizar desde finales del siglo XIX para permitir la identificación en el exterior de los vinos de mesa italianos. El Estado italiano se embarcó en una política activa de promoción de sus vinos desde la década de 1880. El objetivo de esta política era promover las ventas exteriores, en competencia con la vinicultura española, ya que ambas contaban con elevados excedentes. Centroeuropa (países como Suiza y Alemania, como refleja este cuadro), fue una de las habituales salidas del vino italiano.

En 1937, en plena ascensión del nazismo, su arte se calificó de arte degenerado y se destruyeron muchos de sus más importantes trabajos. El propio artista es, además, expulsado de la Academia de las Artes. Su precaria situación emocional empeoró a raíz de ello. Tras la anexión de Austria a Alemania por Hitler en 1938, el miedo a una invasión nazi de Suiza pudo con él, y se suicidó en Frauenkirch en 1938.

Cocina Alpina Kirchner

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes
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