Luis Paret y Alcázar fue un pintor, dibujante y acuarelista español, de estilo muy personal, más cercano al rococó de Watteau que al neoclasicismo que empezaba a imponerse con autores como Mengs. Su temática es muy variada: paisajes, escenas de interior, retratos, mitologías, bodegones de flores, etc. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Carlos III comiendo ante su corte”, fechada hacia 1775.

Corte de Carlos III

En 1774 entra al servicio del infante don Luis, quien se convierte en su principal mecenas. Pero pronto el infante protagoniza un escándalo que involucra al pintor y trunca su carrera: en 1775 Carlos III castiga a don Luis por su promiscua vida íntima, ordenando su alejamiento de la corte, y Paret es acusado de ser su alcahuete y es desterrado a Puerto Rico. En la isla caribeña, Paret sigue pintando y tiene seguidores (José Campeche). Vuelve a España en 1778 aunque se le mantiene desterrado a cuarenta leguas de la corte, residiendo en Bilbao en el periodo 1779-89.

En relación a “Carlos III comiendo ante su corte”, y según texto extractado de Bray, X. en: Enciclopedia del Museo del Prado, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2006, pp. 635-637, “En este cuadro Paret nos invita a asistir a un rito diario en el Palacio Real de Madrid. El rey Español Carlos III (1716-1788) está sentado a la mesa en presencia de sus ministros, embajadores, sirvientes y perros de caza favoritos. Paret lo representa en el momento en el que se dispone a beber de la copa que le ofrece un criado que dobla la rodilla. En las paredes del salón suntuosamente decorado hay vistosos tapices de asunto mitológico, con los temas, de izquierda a derecha, de El sacrifico de Ifigenia, Mercurio y Herse, Diana con un perro de caza y Venus en la fragua de Vulcano. Estas escenas pueden haber sido escogidas en función de la ceremonia que se desarrollaba abajo o como alusión a los pensamientos íntimos del rey. Tocan temas como el patriotismo, visto en el sacrificio de Ifigenia, que legitima a su padre Agamenón para atacar a Troya; el amor, sugerido por la pasión de Mercurio y Herse; la caza, indicada por Diana, su diosa tutelar; y el honor militar, insinuado por la armadura que hizo Vulcano para Eneas, el hijo de Venus y el futuro conquistador de Roma. En el techo, pintado al fresco en estilo barroco, se distinguen dos dioses fluviales entre nubes que parecen derramarse sobre la estancia”.

Siguiendo este mismo documento, “no es frecuente la representación de un personaje real a la mesa. Pero en la Corte de Carlos III la comida del rey se acompañaba de un ceremonial estricto, que fue descrito por no pocos viajeros extranjeros de la época. Paret debió de conocer bien aquellas estancias por ser pintor a sueldo del infante don Luis, el hermano menor del rey. El salón que aparece en este cuadro se asemeja en su trazado al que conocemos hoy. Cuando pintó este cuadro las fuentes indican que la antecámara estaba decorada con tapices de la historia de José, no con escenas mitológicas. El techo pintado por Raphael Mengs, con La apoteosis de Hércules, no era en nada semejante a la pintura de Paret, que parece una imitación libre del techo de Giovanni Battista Tiepolo en el salón del trono. Más que reflejar la escena con exactitud, se diría que Paret ha puesto en ella un sutil toque de humor”.

Corte de Carlos III primer plano

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes