En la historia del Arte, encontramos multitud de cuadros que abordan el vino como elemento principal. Pero este no solo se representa mediante botellas. También encontramos locales, bares o comercios donde se sirve o se vende. Este es el caso de “Vinos y Licores”, obra de Maurice de Vlaminck en 1910.

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En un primer momento Vlaminck no tenía intención de dedicarse a la pintura y su verdadera vocación era ser ciclista de profesión. Debido a una enfermedad (fiebres Tifoideas) Vlaminck abandonará el ciclismo y tras entrar en el ejército y conocer a André Derain, se convence de que quizá su futuro esté en la pintura. Posteriormente llegó a considerar que “en arte, las teorías son tan útiles como la prescripción de un doctor; uno debe estar enfermo para creerlas”.

Vlaminck siempre destacó por ser un pintor autodidacta, alejado de las academias que pintaba aquello que veía suceder alrededor suyo. Se decía de él que tenía la necesidad de destruir las viejas convenciones, de desobedecer a fin de recrear la vida y un mundo liberado. Rebelde y contestatario, de Maurice de Vlaminck puede afirmarse que encarnó el verdadero espíritu fauvista.

Su amistad con Derain le llevará a conocer y acercarse a la obra de Van Gogh que le influirá en el colorido y la estética de sus obras. Estimó que “incorporé en una orquestación de colores puros todos los sentimientos de los que fui consciente”. Para él, “si un cuadro tiene que ser explicado mediante palabras, nada tiene que ver con la pintura”.

En 1905, junto con Matisse, se presentará en el Salón de Otoño de París donde recibirán el nombre de Los Salvajes (Les Fauves) por su exposición. Los experimentos pictóricos realizados junto a André Derain, unidos a los de Matisse, desembocaron en el fauvismo, movimiento del que fue el más radical exponente. Y es que, como él mismo consideraba, “los buenos pintores son como los buenos cocineros; puede ser probado, pero no ser explicado”. Su Ego le hará luchar contra Hitler y ponerse en contra de Pablo Picasso, autor del que ya hemos hablado en varias ocasiones por la intensa relación de su obra con el vino.

Su temperamento queda registrado en la tela por una pincelada nerviosa y unos empastes densos que potencian la agresividad cromática y la viveza expresiva y que presagian el expresionismo. Si el carácter sereno de Matisse transformaba el color en un elemento de gozosa sensualidad, Vlaminck lo utilizaba como un arma que arrojar contra la tradición.

Básicamente paisajista, realizó también bodegones, cuadros de flores y algunos retratos. Viajará a Londres donde capta la atmósfera de la ciudad pintando ríos y puentes. Ya no habrá cambios sustanciales en su pintura, aunque sí en sus cielos que pasan a ser teatrales y tempestuosos. En estos momentos surge “Vinos y Licores”, una de sus obras más trascendentes.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes
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