Joaquín Torres García fue un destacado pintor, profesor, escritor, escultor y teórico del arte uruguayo. Creador del Universalismo constructivo y del Taller Torres García, uno de los principales movimientos artísticos de su país. Su obra, como la de tantos otros grandes autores, no fue ajena al vino. Prueba de ello es Viña, mural de la casa del Barón de Rialp, fechado entre 1905 y 1906.

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En sus pinturas tempranas se encuentran referencias al mundo antiguo greco-romano, así como a maestros del arte español y renacentistas italianos, las mismas se caracterizan por un ajustado dibujo de gran sobriedad cromática y una particular geometría de corte modernista. El rechazo de la perspectiva y el uso de la bidimensionalidad, que evocan las formas del arte primitivo y egipcio, facilitan la comprensión de su mensaje plástico. “Toda América debe levantarse para crear un arte poderoso y virgen”, llegó a decir. “Buscaba un arte nuevo, americano, de vanguardia, con orden, donde la geometría surge de la estructura interior del cuadro”, considera el crítico Enrique Gómez.

Las figuras representadas, sometidas a un proceso de geometrización, apelan progresivamente a una iconografía y a un imaginario indoamericanos (piezas de alfarería, anclas, soles incas, pirámides). “A principios de siglo Torres-García era ya un pintor y muralista de reconocido talento”, como subraya Eugeni d’Ors en un artículo publicado en 1905 en El Poble Catalá. A juicio de Marc Domènech, Torres es un “vidrio translúcido” que deja pasar las luces y sombras de la vanguardia, pero no la claridad de sus figuras. Llegó a crear grandes obras pero ninguna ha sobrevivido en su emplazamiento original, incluso algunas fueron destruidas ya en la misma época.

“El floreciente ambiente artístico que se vivía en Barcelona y su original modernismo indujeron a Torres-García a colaborar con Antonio Gaudí en la ejecución de una serie de vidrieras para la catedral de Palma de Mallorca y la Sagrada Familia”, estima Dominique Lora. Mientras Gaudí era una fantasía desbordante, Torres García buscaba el equilibrio. El lazo de unión entre ellos fue, muy posiblemente, la necesidad de romper con todo lo establecido en ese terreno hasta el momento, y la misma pasión por la creación artística.

Los frisos de la Casa Rialp, en el barrio de la Bonanova en Barcelona, se pusieron en venta hace unos años y fueron adquiridos por el Museo Reina Sofía. Entre ellos, este Viña, donde apreciamos una obra primeriza, pero ya muy personal, la primera muestra de pintura noucentista claramente definida y contiene toda la iconografía mediterranista. Anticipa una carrera que puede ser tildada de enigmática y ecléctica. No es la primera vez que abordamos un cuadro con viñas en esta sección. Tiempo atrás, estudiamos la obra de Juan Manuel Díaz Caneja “Las viñas”, donde encontrábamos horizontes castellanos, cerros, pueblos de adobe, viñedos, bodegones, en colores ocres, amarillos, grises y pardos ¿Lo recuerdas?

Torres García consideraba que el arte debe estar al servicio de la razón, de la armonía del orden cósmico. Lo plantea en su obra a través de símbolos y signos universales dentro de una estructura construida sobre la proporción áurea o regla de oro. La plástica y la literatura siempre estuvieron juntas en él, como formas de expresión. El investigador y crítico uruguayo Juan Flo llegó a opinar que la manera de ser americano de Torres García resulta de su pasaje esencial por todos los lugares donde creó, Barcelona, Nueva York, París, y sobre todo de su insatisfacción con el arte contemporáneo.

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De vuelta a su Uruguay natal, se dedicó a dar clases y no dejó de profundizar en la expresión humana, su máxima en la vida: mantenerse cercano al hombre. Si te gusta su obra, del mismo modo que te gusta el vino, te recomendamos visitar la tienda online de Licores Reyes. En ella podrás encontrar las mejores propuestas: https://tiendalicoresreyes.es/37-vinos-y-espumosos

Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes