George Grosz fue un pintor comprometido ideológicamente, un agitador que usaba el arte como arma en la convulsa Alemania de las primeras décadas del siglo XX. Miembro prominente del movimiento Dada de Berlín y de la Nueva Objetividad durante su etapa en la República de Weimar, su obra, como la de tantos otros grandes autores, no fue ajena al vino. Tampoco a otros licores o a la cerveza, tan típicamente alemana, como podemos apreciar en Tertulia.

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Esta acuarela pertenece a un conjunto de obras sobre papel realizadas en los años anteriores a la huida de Grosz de Alemania. En la composición Tertulia aparecen tres personajes masculinos bebiendo y fumando plácidamente en torno a la mesa de un café. Su producción artística de esa época se basaba en unos cimientos cubistas y futuristas mezclados con fuentes artísticas áulicas del pasado e iconografías populares. Opositor a ultranza del militarismo y del nacionalsocialismo, fue uno de los primeros artistas alemanes en atacar a Adolf Hitler.

La obra, desde su realización, ha tenido diversos títulos como Conversación política, o Café alemán. Peter Vergo se decanta, sin embargo, por la denominación de Der Stammtisch por la inscripción que aparece en el banderín colocado en el centro de la composición, traducido como Tertulia. Se refiere al término utilizado en alemán para denominar la mesa de un restaurante o café reservada a un determinado grupo de personas que se reúnen con regularidad para debatir sobre política o diversos temas de actualidad. Grosz dentro de su estudio plasma la realidad, y realiza una radiografía profunda de la Alemania derrotada. Algo antes, Ernst Ludwig Kirchner creó su particular visión de Alemania donde transmitía su nerviosismo y desesperanza en Cocina alpina ¿Lo recuerdas? 

Durante la década de los años veinte su estilo artístico expresó su disgusto por la Alemania de la posguerra. Marcado por la denuncia, la ironía y las imágenes impactantes y grotescas, alcanzó gran popularidad. La moderna metrópoli se convirtió en el tema recurrente de su obra y, como un Bosco contemporáneo de incisivo tono crítico y agudo sentido de la observación, plasmó su entorno en obras con una intención moralizante. Por ello, fue enjuiciado muchas veces por atentar contra la moral. El Arte como arma. “Mi arte debe ser fusil y sable”, consideraba.

Grosz evolucionó desde dibujos caricaturescos hacia visiones urbanas apocalípticas y violentas con una politización bastante clara, con lo que se integró en el ala izquierda del movimiento que se denominó Neue Sachlichkeit. “El ácido tono crítico de la imagen está motivado por la especial animadversión que Grosz sentía entonces por ciertas tertulias políticas y literarias”, según comenta Paloma Alarcó. Sus dibujos, muchos de los cuales están realizados con tinta o acuarela han contribuido notablemente a la imagen que muchas personas tienen de la Alemania de los años 1920.

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Hoy en día, una de las principales imágenes que tenemos de la Alemania de la República de Weimar es la que nos ha dejado Grosz con sus mordaces caricaturas y la captación magistral de la vida de las calles berlinesas. Si te ha gustado su obra, del mismo modo que te gusta disfrutar de una charla con los amigos, te invitamos a que la mejores con alguna de las bebidas que puedes encontrar en nuestra tienda online ¡Te esperamos! http://tiendalicoresreyes.es

 

Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes