Valeriano Domínguez Bastida, más conocido por el tercer apellido de su padre al igual que su hermano Gustavo Adolfo Bécquer, nació en Sevilla el 17 de diciembre de 1834 y murió en Madrid el 23 de septiembre de 1870. Fue hijo del también pintor José Domínguez Bécquer, conocido entre sus contemporáneos como el Maestro Pepe Bécquer, y Joaquina Bastida y Vargas. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “El presente. Fiesta mayor en Moncayo (Aragón), la víspera del santo patrono”, fechada en 1866.

Dotado con una depurada técnica y un gran dominio de los recursos pictóricos, su obra se entremezcla, en cuanto a los presupuestos teóricos a los que obedece, con los originales escritos de su hermano Gustavo. En 1865 el Ministerio de Fomento de España le encargó una serie de cuadros con temas costumbristas titulada «Cuadros de costumbres de las provincias españolas». Todas esas pinturas traducen, con un lenguaje sereno y armónico de raíz clásica, por encima de cualquier otra pintura costumbrista de su tiempo, la quintaesencia de lo popular siempre de un modo claramente idealizado, y con un lenguaje artístico cuidadoso y depurado.

Atendiendo al texto extractado de El siglo XIX en el Prado, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 188-189, “durante el reinado de Isabel II continuó la tradición de la Corona que había surgido durante la Ilustración de promover proyectos artísticos que recopilaran repertorios de las riquezas del país en sus más distintas manifestaciones, arquitectónicas, geográficas, gastronómicas o antropológicas, planteados como encargos de series de cuadros con un primordial valor iconográfico, basado en el interés enciclopédico y aglutinador del conocimiento universal. En este espíritu surgieron algunos de los conjuntos pictóricos más interesantes encargados por los reyes españoles a partir del último tercio del siglo XVIII. Aunque con carácter puntual, Isabel II también impulsó -bien a expensas de su bolsillo particular o a través de encargos oficiales de sus ministros- distintas series de pinturas que recogieran aspectos de las tierras y gentes de su reino. En este mismo espíritu, el Gobierno de Su Majestad, a través de una Real Orden de 6 de febrero de 1865, otorgaría al pintor sevillano Valeriano Domínguez Bécquer una pensión con el siguiente propósito: «Teniendo en cuenta la conveniencia de que en el Museo Nacional haya una colección lo más completa posible de cuadros que recuerden en lo futuro los actuales trajes característicos, usos y costumbres de nuestras provincias, y en vista de las especiales circunstancias que concurren en Don Valeriano Bécquer, la Reina (q.D.g.) se ha servido concederle la pensión de diez mil reales anuales, a fin de que recogiendo en dichas localidades los datos y estudios necesarios remita al referido Museo dos cuadros cada año de las condiciones que se indican»”.

Según este mismo documento “para cumplir la primera entrega de la pensión, correspondiente al curso 1865-1866, Valeriano entregó este cuadro titulado El presente. Fiesta mayor en Moncayo (Aragón), la víspera del santo patrono y el cuadro Interior de una casa en un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate, ambos fruto de su viaje por tierras aragonesas”. Siguiendo el texto extractado de Pintura del Siglo XIX en el Museo del Prado. Catálogo General, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2015, p. 153 “En algunos de los pueblos de la parte del Moncayo que corresponde a la citada provincia, acostumbran la víspera del santo patrono a salir los mozos del lugar a recorrer las calles en compañía del mayordomo de la hermandad y de los que tocan el tamboril y la gaita, ejecutando de trecho en trecho una danza antiquísima que llaman el paloteo. También es costumbre cuando la comitiva se detiene frente a la casa de uno de los hermanos de la cofradía, salir éste a obsequiar a los que la componen con algunos jarros de vino mientras una muchacha de su familia les ofrece en un plato varios pedazos de pan a los cuales llaman El presente”. Así, esas obras, fruto de una primera intención de conservación antropológica, se convertirán en los más importantes cuadros de uno de los géneros clave del Romanticismo español.

Murió en su domicilio de Madrid el 23 de septiembre de 1870 al parecer de una afección al hígado, como consecuencia de una complicación producida por la humedad de una alameda que existía en las proximidades del barrio de la Concepción donde vivían. La vida del pintor Valeriano Bécquer se vio truncada en el momento más prometedor de su carrera, dejando sin resolver las inquietudes que se planteaba ya en su obra final, en las que parecía transitar desde el Romanticismo en el que se formó hacia un realismo plástico contenido. Si te ha gustado su obra, y también te gusta el vino, te recomendamos que visites la tienda online de Licores Reyes para encontrar las mejores ofertas: http://tiendalicoresreyes.es

Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes