Pintor español adscrito al impresionismo, la obra de Eliseo Meifrén Roig es realmente remarcable. Sus creaciones no son ajenas al vino. Esto lo podemos apreciar en Plaza de París, fechada en 1887.

Apasionado por la pintura, abandona la carrera de medicina y se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Fueron sus maestros los artistas Antonio Caba y Ramón Martí Alsina. Completó su formación en París. En 1878, se trasladó a París para ampliar sus estudios, donde tuvo oportunidad de conocer la pintura à plein air, que le influiría poderosamente en sus paisajes parisinos de esos años. Sobrevivió con la venta de pequeños cuadros y notas, de temática predominantemente urbana. Ese mismo año ganó el primer premio en la Exposición Regional de Bellas Artes de Valencia.

Según destaca un texto extractado de Barón, J.: Memoria de Actividades, en Plaza de París “el lugar representado es un café de la Plaza de Clichy. Ésta puede identificarse por la basa de la columna que aparece al fondo, que forma parte del monumento al Mariscal Moncey, obra del escultor Amédée Doublemard. La elección de esta plaza, cercana a Montmartre, resulta relevante, pues era especialmente frecuentada por las modelos de los artistas, muchos de los cuales tenían sus estudios en los alrededores, sobre todo en el Boulevard de Clichy”.

En este mismo documento Memoria de Actividades se determina que “la composición muestra un recurso moderno: la disposición del velador en ángulo y cortado en primer plano, al modo de Degas, como si el artista introdujera al espectador en la escena. Ese aspecto en apariencia casual del encuadre es visible también en el hecho de que aparezcan cortados por el borde inferior del lienzo el periódico y el pie de una de las copas de licor. Sin embargo, la disposición frontal de los bancos rompe con esa idea y, junto con el toldo, enmarca una visión ordenada de la ciudad, en la calma de un mediodía de primavera, animado por los puestos amblantes de flores. La compacta definición de planos y volúmenes, resaltados por una luz nítida que perfila los contornos de los objetos, es propia de la primera época de la producción del pintor, que resuelve los brillos del cristal con una pincelada densa, lejana todavía al toque impresionista propio de su madurez. Aunque no puede identificarse con seguridad, la mujer sentada recuerda algo a la esposa del pintor, María Dolores Pajarín y Valls, con quien se había casado en 1882 y a la que había retratado en 1883 en el interior de su estudio parisino”.

Sus pinceladas, trazos distribuidos a simple vista de manera desordenada, conforman extraordinarios paisajes dotados de un profundo lirismo. Sus paisajes iniciales, caracterizados por un concepto académico y romántico, evolucionaron más tarde hacia un lenguaje plenamente impresionista. Abandona el preciosismo romano y utiliza una técnica de pincelada suelta y paleta clara.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes