En 1914 Chagall regresó a su ciudad natal de Vitebsk para casarse con su novia, Bella Rosenfeld. Esta hermosa pintura conmemora el día de su boda. “Doble retrato con una copa de vino” fue pintada en 1918. A pesar de un contexto de guerra y revolución, Chagall infunde en la obra su infinita alegría, la sensualidad y el optimismo por una vida junto a su amada.

Marc Chagall

Los retratos de boda son comunes en la historia del arte. Pero nunca antes un artista había elegido para representarlo un novio en equilibrio sobre los hombros de su novia, encaramado como un acróbata. Chagall puede referirse al rito de la boda judía, cuando la pareja suele ser manteada por los asistentes al festejo. ¿O representa más explícitamente el papel clave que jugó Bella en la vida de su esposo tanto como musa como de apoyo? Seguramente hace mención al triunfo del amor sobre las leyes de la gravitación y los límites de las fuerzas humanas. El amor puede con todo, dirían algunos.

Marc Chagall Double portrait au verre de vin 1917-1918

“Sólo tú, tú estás conmigo” Chagall escribió en sus memorias. “Cuando te miro fijamente, parece que tú haces mi trabajo guiando mi mano. Tomo mi pincel y, como el líder de una orquesta, me lleva fuera a lejanas y desconocidas regiones”. El “prisma de color admirable”, elogiada por André Breton, realza la magia de la composición. Bella fue, en todo caso, un equilibrio emocional y estímulo creativo para el artista.

Bella flota sobre Vitebsk y el río Dvina que divide la ciudad. Chagall sonríe y levanta su copa para brindar por su nueva vida, felizmente casado y liberado por la revolución de las restricciones impuestas por los zaristas a todo el pueblo judío. Sobre ellos se cierne un ángel, una referencia a su pequeña hija Ida. La singularidad de la copa simboliza la fusión perfecta de dos seres en uno y una vez más se establece a través de una nube amarillenta. En la obra Chagall tapa un ojo de Bella, visiblemente embriagada. No sabemos si solo de amor o también de vino.

Marc Chagall Double portrait wine

Genialidad. Surrealismo, cubismo y un toque naíf, caracterizado por su ingenuidad y espontaneidad, es lo que nos ofrece Chagall en su pintura. En algunos aspectos nos acerca a un arte casi infantil, ajeno al aprendizaje académico. Imaginación, vivacidad y una gran carga de emotividad que sin duda podemos apreciar en la genial obra.

“Sólo tuve que abrir mi ventana, y el aire azul, el amor y las flores entraron con ella. Parecía flotar sobre mis lienzos, guiando mi arte”, dijo Marc Chagall en alusión al cuadro “Doble retrato con una copa de vino” y a la nueva vida que Rosenfeld le ofrecía.

Bella trajo enorme seguridad y tranquilidad a la vida de Chagall. Cuando murió en 1944, su vida fue completamente devastada. Su enlace vital con la Rusia judía se había ido. “He perdido”, escribió, “era todo para mí. Mis ojos y mi alma”. La muerte de su esposa marca un antes y un después en la evolución de su obra. Tras su pérdida, tiende a lo trágico y a lo nostálgico, usando una técnica mucho más turbulenta, con colorido más oscuro.

Chagall se trasladó a Moscú en 1920, para regresar posteriormente a París en 1923, tras una estancia de nueve años en Rusia. Después de un período de mayores penurias, Chagall comenzó a recibir más trabajos, y en 1930 su nombre era conocido en todo el mundo.

Actualmente podemos encontrar este fantástico oleo en el Musée National d’Art Moderne, en el Centre Georges Pompidou de Paris.

Georges Pompidou

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes