Juan Gris es una de las figuras más relevantes del Cubismo. Podemos considerarle el tercer maestro de esta vanguardia tras sus creadores, Pablo Picasso y Georges Braque. El Cubismo, ruptura definitiva con la pintura tradicional y la perspectiva, trata las formas de la naturaleza por medio de figuras geométricas, fragmentando líneas y superficies. “Cuando hacíamos cubismo, no teníamos ninguna intención de hacer cubismo, sino únicamente de expresar lo que teníamos dentro” dijo Picasso. “Botella y frutero” es claro exponente de esto, siendo una de las obras más importantes dentro del repertorio de Juan Gris.

Gris botella y frutero

Jose Victoriano González Pérez, su nombre real, nace en Madrid en 1987 en una familia acomodada. 1906 es un año crucial en la vida de Juan Gris: se marcha a París y ya no volverá más a España. Juan Gris tuvo escasísima incidencia en los circuitos culturales españoles mientras vivió. Sus primeros años en la capital de Francia serán tremendamente inestables, al no poder regresar a España al ser declarado prófugo por parte del ejército (se marchó para evitar la milicia). Se separa de su mujer, y sus problemas económicos le llevan a tener que trabajar como ilustrador cómico, renunciando momentáneamente a su deseo de dedicarse a una pintura “seria”.

Sus primeros intentos como pintor cubista son durante 1910. Poco a poco, Gris va abandonando la ilustración y dedicándose a la pintura. Crea un estilo propio, un lenguaje personal dentro del cubismo. Esto le permite ir incorporándose a la vanguardia parisina. Experimenta con el collage, e incluye la esencia del cubismo dentro de entornos plenamente reconocibles para el público. Fue un proceso lento, pero Gris terminó siendo valorado dentro de los círculos artísticos de París. El creía firmemente en su manera de entender el Arte. “Después de todo, la pintura se ha de hacer tal como uno es”, llegó a decir.

Fruto de la sensación de inseguridad que sufre durante los años de la I Guerra Mundial, el estilo de Gris cambia completamente. Empezará a jugar con el puntillismo, y su uso de colores se volverá mucho más sobrio, volviendo a ampliar su gama cromática años más tarde. Todos estos cambios podrían haber afectado negativamente a las creaciones de Gris. Nada más lejos de la realidad. Muchos autores y críticos de Arte han señalado que la mejor producción de Juan Gris se da durante la guerra, en penosas circunstancias económicas y rodeado de una tremenda inestabilidad personal.

Juan Gris

Posteriormente tendrá una conversión al clasicismo. Como vemos, estos años de tremenda agitación social son equiparables a su Arte, evolucionando de forma discontinua, poco sosegada, casi violenta. “Frente a estos tonos naturales, la sencilla y plana geometría de la pintura y la abstracción de los objetos son claramente antinaturalistas”, considera Paloma Alarcó. Su aprendizaje juvenil con delineantes técnicos parece que le ayudó a moverse con soltura entre plano y elevación, trabajando además con objetos pequeños. De hecho, este óleo sobre lienzo apenas presenta unas dimensiones de 74 centímetros de alto y 54 de ancho.

Mientras Picasso fue evolucionando hacia un arte figurativo de gusto clasicista, Gris se mantuvo fiel al cubismo en una clave más colorista. “Botella y frutero” juega con un colorido cromatismo de tonos marrones cálidos combinados con verdes y grises más fríos, tomado directamente del paisaje. Sus composiciones siempre resultan elegantes y lúcidas. «Veo en el campo tonos tan sólidos y tan sabrosos de materia y combinaciones tan verdaderas que llevan en ellos mucha más fuerza que todas las combinaciones de la paleta y con ellos me gustaría trabajar», señalaba Gris.  En sus bodegones, el tema que aborda más habitualmente en su carrera, se evidencia que poco a poco las composiciones se van haciendo más simples, despojándolas de todo lo superfluo y anecdótico. Los objetos, por su parte, adquieren una dimensión monumental en relación al cuadro.

Ligado a los rituales religiosos y a la vida cotidiana, el vino siempre ha supuesto una importante fuente de inspiración artística. El vino vuelve a ser relevante dentro de la estructura compositiva. La botella de vino es un eje central dentro de esta obra, que dota de contenido a su pintura. El vino es un elemento recurrente dentro de su producción, y es muy habitual encontrar referencias en muchos de sus bodegones. El vino, producto de consumo masivo en la sociedad francesa de la época, vivía también una etapa de profundos cambios. El consumo per cápita situado en 103 litros al año en 1904, pasó en 1922 a 136. Se potenció el consumo de vinos de calidad por parte de las clases medias. El exceso de oferta favoreció la regulación oficial de los mercados por medio de diferentes instituciones, como las denominaciones de origen.

Como es habitual en el cubismo, Juan Gris juega con la tipografía para explotar sus recursos expresivos. En este cuadro podemos leer Le Jour, día en francés, que podría ser un fragmento del periódico Le Journal. A diferencia de Picasso o Braque, Gris es el pintor más puramente cubista porque su obra se mantendrá en el estilo cubismo sintético. “La disposición de la servilleta, que cae por el borde de la mesa, un motivo tomado de Cézanne, adquiere un interesante significado en el contexto de la denominada «vuelta al orden» de la vanguardia tras la guerra”, según la opinión de Paloma Alarcó.

En el cuadro de Gris, pintado al término de la Primera Guerra Mundial, se yuxtaponen un frutero y dos símbolos de la sociedad de masas: el vino y el periódico. Todos sus cuadros en esta época son pequeños, verticales, construidos a base de retazos coloreados cada vez más planos, con líneas más rígidas y ángulos más duros. Como señala Christopher Green, “Botella y frutero es una obra que subraya la compatibilidad de cubismo y tradición después de la guerra”.

“Cubismo no es de forma, sino una estética, e incluso un estado de ánimo, por lo que es inevitablemente que esté conectado con cada manifestación del pensamiento contemporáneo. Es posible inventar una técnica, pero no se puede inventar toda la complejidad de un estado de ánimo”, dijo Juan Gris. Por esencia el Cubismo invita al público a realizar una interpretación muy personal e introspectiva de aquello que están viendo. Prefiero la emoción a las reglas correctas, llegó a decir Gris. Emoción, sin duda, encontramos en toda su obra.

Gris copa vino

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes