Georges Braque fue un pintor y escultor francés de tremenda relevancia durante el siglo XX. Con Pablo Picasso y Juan Gris fue uno de los tres creadores principales del cubismo. Heredero de la tradición clásica y precursor de la abstracción de posguerra, es uno de los pintores franceses más relevantes e influyentes. Su obra, como la de tantos otros, no fue ajena al vino.

Bouteille et fruits (Botella y frutas) Georges Braque

Bouteille et fruits (Botella y frutas) perteneció durante largo tiempo a una misma familia, por lo que se trata de una pintura poco conocida para el gran público. En cuanto a su datación, a pesar de que algunos estudiosos defienden que debió ser realizada antes de que Pablo Picasso y Georges Braque compartieran sus respectivas experiencias pictóricas en Céret en el verano de 1911, el concepto de realización de Bouteille et fruits tiene bastante en común con algunas de las obras llevadas a cabo por Picasso precisamente en esos momentos”, estima Paloma Esteban Leal. Pablo Picasso y George Braque (Argenteuil, Francia, 1882 – París, 1963) establecieron estrechas relaciones artísticas en el año 1907, mismo año en el que el comerciante de Arte Kahnweiler abrió en París la Galería de Arte que serviría como santuario al grupo de pintores Cubistas. “Vivíamos en Montmartre, nos veíamos cada día. Éramos como dos montañeros atados juntos con la misma cuerda”. Así describía Georges Braque su relación con Pablo Picasso.

Braque y Picasso

“Muy próxima, pues, a la fase cubista conocida como hermética, Bouteille et fruits conserva todavía, no obstante, las referencias a la realidad, apreciables en los diferentes motivos que integran la escena: algunas frutas (varias peras y una manzana), que reposan sobre una mesa, al lado de un vaso de cristal y una botella”, según Paloma Esteban Leal. A diferencia de Picasso, que plasmó con frecuencia la figura humana, Braque prefirió, a lo largo de toda su trayectoria artística, la naturaleza muerta. Allí introdujo novedades significativas, como el empleo del collage o la incorporación de letras y números. “Los objetos no existen para mí, salvo que exista una relación armónica entre ellos, y también entre ellos y yo. Cuando uno llega a esta armonía, se llega a una especie de vacío intelectual. Esto hizo todo posible, todo legítimo, y la vida es una perpetua revelación”, sentenciaba Braque.

Existen tres fases en el cubismo de Braque, que podemos diferenciar perfectamente. En una primera época pinta cuadros de superficies superpuestas y planos angulares, componiendo a base de cubos, utilizando muy pocos tonos cromáticos. Después pasó por una fase de “cubismo analítico” (1909-1912), en el que los objetos quedaban descompuestos en facetas hasta el punto de ser absolutamente irreconocibles. “Si la pintura no inquieta, ¿es una pintura?”, llegó a decir. Interesante cuestión, propia de los nuevos tiempos y de las nuevas tendencias en el Arte. Y es que para Braque “solo hay una cosa valiosa en el arte: las cosas que no se pueden explicar”. En un tercer momento cultiva el “cubismo sintético”, es decir, con unidad compositiva. Cambios en la vida, cambios en el Arte. “He encontrado en la pintura un medio para expresar mis ideas. Esto me permite cambiarlas y evitar cualquier idea fija”.

“Sin perder de vista la estructura compositiva de las naturalezas muertas de Paul Cézanne, Braque introduce aquí uno de los elementos que constituirán las señas de identidad de toda su producción, el lirismo y la poesía, destilados por cada uno de los objetos del lienzo. Las pinceladas, aplicadas por medio de toques yuxtapuestos, hablan del pasado del autor como militante del fauvismo, al tiempo que la gama cromática –siempre dentro de la más genuina ortodoxia cubista–, presagia la elegancia y la armonía tonal de su futura producción”, considera Paloma Esteban Leal. Posteriormente los planos sustituyen a los volúmenes y el espacio cobra especial importancia. “Si nunca hubiéramos conocido a Picasso, ¿habría sido el cubismo lo que es? Creo que no. El encuentro con Picasso fue una circunstancia en nuestras vidas”, decía Braque en 1954.

Bouteille et fruits (Botella y frutas) Georges Braque 2

Con el transcurso de los siglos, la iconografía vinatera, lejos de decaer, asumió una nueva fuerza, una nueva vitalidad. La vid, el racimo, la copa o la botella se convirtieron en un destacado tema pictórico en este último siglo. Ya hemos hablado anteriormente de “Comida frugal”, donde Picasso representa a un hombre y a una mujer sentados frente a una mesa, con un plato vacío y una botella de vino. También de “La botella de vino”, un bodegón cubista de Joan Miró donde el vino es el protagonista. Podemos encontrar influencias de ambas obras en este cuadro de Braque, donde una botella de vino blanco acompaña a diversas piezas de fruta. El perfecto maridaje entre postre y vino es un tema tratado en diversos cuadros, especialmente bodegones. Este, sin duda, se trata de uno de los más representativos, debido a su marcado carácter personal y emotivo. “No deseo copiar a la naturaleza. Me interesa más ponerme a la par de ella”.

A la vuelta de la Primera Guerra Mundial Braque desarrolló un estilo propio, con forma unida al color, creando figuras de gran tamaño. Pinta también algún paisaje. Y realiza, sobre todo, multitud de bodegones de estructura similar al que ahora mostramos en Bouteille et fruits (Botella y frutas). Iniciador de los papiers collés (papeles pegados), Braque centró su obra posterior en la exploración metódica de la naturaleza muerta y del paisaje. Todo ello con su estilo magistral y dejando un amplio espectro de interpretación a quien visionaba sus cuadros. Y es que, como él mismo reconoció, “una buena pintura no cesa de dar de sí misma”.

Georges Braque

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes