El vino ha sido tratado como elemento recurrente en la historia del Arte. Los más grandes autores, desde Picasso a Cezanne pasando por Dalí, tienen multitud de cuadros ilustrando al caldo de caldos como tema fundamental capaz de cohesionar sentimientos y realidades, y explicar una época concreta. No solo ellos, tambien autores de menor trascendencia internacional muestran el vino como temática habitual en su obra. Este puede ser el caso de Ángel Lizcano Monedero, pintor e ilustrador español, que creó Bebedores en un mesón, fechada en 1880.

La obra de Ángel Lizcano Monedero resulta trascendente a finales del siglo XIX. Realizó copias del Museo del Prado, en especial de Goya, Velázquez y Murillo, pero también los contemporáneos Eugenio Lucas y Leonardo Alenza y otros autores españoles. Ángel Lizcano se consagró en su faceta como dibujante y grabador, que fue muy fecunda: hizo más de ochocientos dibujos para todo tipo de revistas, libros y carteles; en especial se especializó en ilustrar publicaciones taurinas como La Lidia y La Semana Ilustrada, pero también colaboró asiduamente en La Ilustración Española y Americana.

Colaboró en Los Episodios Nacionales, de Benito Pérez Galdós, y en los sainetes y comedias de Ricardo de la Vega, Vital Aza y Ramos Carrión. En Bebedores en un mesón destaca por la precisión del dibujo y el gusto por el detalle, así como por la composición escenográfica. En sus obras podemos captar a un excelente dibujante, especialmente dotado para la recreación de escenas costumbristas.

Sus obras poseen un excelente dibujo y un acabado arenoso. Cultivó el retrato y los temas histórico-literarios y populares, es especial de tradición goyesca (como el que nos ocupa, Bebedores en un mesón), y también taurinos. Sin embargo, su carrera no terminó siendo aquello que prometía. Según el historiador Enrique Lafuente Ferrari, “Ángel Lizcano es uno de los más tremendos ejemplos de artista maldito, producto típico del siglo XIX, pues, tras los primeros años de éxitos en Madrid, en los que parecía que el futuro le depararía una carrera oficial de cierta importancia, su estrella vital y profesional se obscureció y fue paulatinamente apagándose hasta no ser más que un ligero destello en el firmamento español de las artes de su tiempo”.

A causa del fallecimiento de su mujer, le aquejaron algunos trastornos mentales que le acompañaron hasta el final de su vida, aunque no dejó de pintar y dibujar. Subsistió gracias a una pensión del Círculo de Bellas Artes y, aún así, llevó una vida miserable durmiendo en la calle y comiendo de caridad.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes