Giulio Carpioni fue un pintor y grabador italiano de la época barroca. Se especializó en pinturas de bacanales y temas históricos, y produjo también escenas religiosas en pequeños formatos de las que varias subsisten en iglesias de la región veneciana. Su obra, como la de tantos otros grandes autores, no fue ajena al vino.

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Giulio Carpioni se inició como pintor en el taller de Padovanino, donde entró en contacto con la obra de Tiziano, y acusó la influencia de otros maestros como Simone Cantarini, Carlo Saraceni y Jean Leclerc. Precisamente será en sus óleos mitológicos, dedicados a los dioses y semidioses de la Antigüedad, donde se detecte la huella clásica de Tiziano. Sus obras más originales son, sin embargo, las pinturas de pequeño formato dedicadas a temas mitológicos. “Bacanal” es una de ellas.

Las bacanales eran fiestas celebradas en honor a Baco, dios del vino, en las que participaban, entre otros personajes, las bacantes, seguidoras del dios, y los faunos. Los festejos transcurrían con gran frenesí concluyendo en orgías, y en ellos el vino iba acompañado de la música que tocaban las propias bacantes con panderos. Sin duda podemos encontrar muchas similitudes de la obra de Carpioni respecto a la de su maestro Tiziano, “La Bacanal de los Andrios”, analizada anteriormente.

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“Carpioni, en esta bacanal celebrada al aire libre y entre ruinas, nos presenta al dios, coronado con las hojas de vid, tumbado entre un grupo de bacantes y al lado de una anciana, que es la única figura vestida, que se inclina hacia él”, según explica Mar Borobia. Para ella, “el pintor se ayuda para la composición de varias diagonales que van marcando el ritmo escalonado de los distintos grupos que se concentran a la izquierda de la tela. De ellas la más acentuada es la que consigue con la cabeza de Baco y con la de las mujeres que lo rodean, y que llega hasta la figura secundaria, en penumbra, que mira hacia arriba”.

Dicha disposición gradual, “se repite en el centro de la tela, donde se ayuda de dos inmensas moles de piedra entre las que emerge un anciano, y que finaliza con las figuras de dos niños”, considera Borobia. Para compensar el diseño, Carpioni, ajustó, al lado derecho, un llamativo corro de niños que bailan al son de la música que toca un sátiro. La composición que parece caótica en realidad marca el ritmo de la música. Danza, música, vino, erotismo y paisaje desafían nuestros sentidos.

La pintura, con una técnica muy abocetada, muestra el gráfico dibujo del pintor que siluetea las formas, sirviéndose de la imprimación rojiza del soporte. Carpioni también produjo grabados mediante la técnica del aguafuerte; entre los mejores se cuentan San Antonio de Padua, Cristo en el Monte de los Olivos, La Virgen leyendo y una Alegoría del Agua con figuras mitológicas.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes